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sábado, 2 de abril de 2011

Una noche en urgencias

Menudo susto cuando ayer iba en el tren tan tranquilamente hacia el trabajo y de repente oigo sonar el móvil. Era mi hermano, estaba en el hospital San Jaume, donde a mi madre la habían ingresado de urgencias. No se como a un hospital le pueden poner “San no se que…”, es ese santo el que invita a todos estos enfermos a pasar el fin de semana en urgencias o es que tiene tanta mala leye, que los pone enfermos para que su nombre se recuerde y se pone de acuerdo con su Dios para hacernos sufrir.
Suerte al botoncito de la tele asistencia, donde trabaja un personal muy amable que estuvo hablando con mi ADN mientras llegaba la ambulancia. Este servicio funciona depositando las llaves en la policía local y cuando suena la alarma todo el tinglado se pone en movimiento. En poco tiempo, según mi madre, llegó a casa una ambulancia para llevarla al hospital. Mientras, una operaria hablaba con ella y la entretenía. Que gente tan estupenda. Siempre que hablo con ellos siento una buena vibración que a veces olvido.
Da la casualidad que un día antes estuve diciendo del conductor de la ambulancia, que parecía distante y antipático, pues nos encontramos en un taller mecánico y prácticamente no me saludó; y mira por donde, que resulta ahora es a él a quien tengo que darle las gracias por el buen servicio prestado. Mas tarde coincidimos en el hospital y le dí las gracias y he vuelto a reconocer lo rápido que juzgo a la gente.
Cuando mi hermano llegó a urgencias, mi madre no hablaba y los médicos no sabían lo que tenía. Le han hecho todo tipo de pruebas y aunque parece un principio de embolia, no se lo han podido diagnosticar. Cuando yo llegué, aún seguía sin poder hablar.
Como siempre, hay algún médico que se cree el Rey del Mambo. Estaba yo en el habitáculo donde estaba mi madre y llegó mi hermano, pero antes de que entrara al mismo ya estaba quejándose el chulito de que solo podía haber una persona en la habitación. Lo que debería haber hecho el chulito que para mas inri y con lo racista que yo soy, es dejar de cantar, pues aunque cantar los males espanta, a mi no me hacía gracia que el tipejo estuviera tan contento mientras alrededor estaba todo lleno de enfermos, y además, que encima me llamara la atención.
Se me ocurrió preguntarle al médico chulito qué pasaba con mi madre, y va con toda la cara del mundo y me dice que él no está ahí para informar a cada uno que pregunta por un paciente, sobretodo si ya lo ha hecho una vez. Estuve a punto de practicarle la ley islámica directamente, pero apreté la espalda contra la pared y no dije nada. Pues ya estoy acusado por otro médico embustero de amenazas y dentro de unos días tengo un juicio por un borde hijo de puta que ni siquiera se quien es. Otro embustero que juega a ser Dios.
Las horas iban pasando y por la noche nos fuimos a cenar a un restaurante cercano al hospital, pues otra cosa no podíamos hacer. Cenamos copiosamente en un restaurante de esos típicos catalanes de conejo con guarnición y otros platos típicos, y luego les dije a mis hermanos que se fueran a casa, que ya me quedaba yo a acompañar a mi madre. Me quedé porque mi madre es lo que hubiera hecho por mi, pero en cuanto mi madre me veía y le bajaba un poco la fiebre, o le subía, vete a saber, me decía que me fuera a casa. ¿A qué casa?.
He tenido que pasar la noche en un asiento horrible. El asiento lo debe de haber comprado el Marqués de Sade y lo ha comprado exproceso para que nadie se siente en el y mucho menos para que pase la noche. Esto parece un cementerio a las 3 de la mañana, no sabes donde están las enfermeras, que no se porque razón siempre son mujeres, y mucho menos sabes donde están los médicos. A los únicos que ven son a los guardias de seguridad con sus metralletas y sus tanques, que no te dejan salir del hospital hasta que no sean las 7h 30’ de la mañana. Soy un mercenario de los pasillos y debería estar con mi amigo Gadafi defendiendo su reino.
He intentando que me dijeran cuantos pacientes han pasado la noche en urgencia, pero no facilitan información a menos que vaya a hablar con gerencia o sea la ministra de sanidad del Congo, que seguro que no entiende nada de lo que dicen y la pueden engañar como hacen conmigo. Además tenía que presentar mis credenciales de periodista o rata de alcantarilla.
Durante el día de ayer estuvo lleno urgencias, y no paraban de entrar pacientes, a los que llaman ALGO. A varios médicos les oí preguntarles a los de las ambulacias ¿Ha llegado algo?, como si fuesen sacos de patatas lo que transportan las ambulancias. Menos mal que mi colección de psiquiatras me dicen que pase de todo, pero es que me han convertido en un politoxicómano ante la cantidad de pastillas que tomo normalmente, y encima me encuentro con estos ESTIRAOS, y me paso el dia tomando Valium = Diazepan. Me encantan los diazepanes. Hace siglos que los tomo y me hacen cosquillas en las ingles. Hace poco le di uno a una amiga en Marruecos y un poco mas la expulsan del país del colocón que cogió. Pero como sigan tratándonos así me parece que me la van a liar, yo no, pues voy para santo y Allah me protege, pero esta gentuza a las que les pides amablemente si te pueden traer una cuña, y van y te dicen enfadados que te esperes un ratito. Como si el Seguril pudiera esperar. Menudos hijos de putas. Pero como se va esperar un ratito si se está meando. Y no preguntes si saben a que hora le van a hacer las pruebas, porque nunca saben nada. Y encima, van y le traen el desayuno a mi madre sin avisar que no puede comer nada. Menos mal que no se lo he tomado, porque resulta que para hacerle las pruebas que tiene programadas, ha de estar varias horas antes sin haber comido nada; pero nadie nos ha avisado. Esto es un desastre y la mayoría del personal son una vergüenza, salvo raras excepciones. Hoy hay una enfermera a la que llaman la simpática, pero es que no es para menos, hasta se ha puesto a cantarle a un pobre señor que no puede ni moverse.
Hasta medianoche había bastante gente en urgencias, aunque el que controla las entradas es un bulldog amargado porque se ha quedado calvo. Pero de golpe y porrazo, todo el mundo había desaparecido. Menuda dislepsia ir por los asillos viendo cada losa de un juego diferente, con olores a orines que te hechan hacia atrás y unos seres extraños que juegan a marcianitos en los ordenadores pero que no te dejan enchufarte al wifi.
La noche es larga pero entretenida, siempre que el médico haya dejado dicho que a tal paciente hay que hacerlo esto y aquel otro aquello. La compañera de habitación de mi madre no para de quejarse de que uno de los pacientes tose demasiado. Y pregunta a gritos que si es verdad que está tosiendo porque está enfermo o solo lo hace para fastidiar. Un rato después una señora mayor aparece en medio del pasillo medio desnuda. Las enfermeras les preguntan que qué le pasa, y la pobre señora dice que quiere irse a casa. Lleva el camisón colgando y trata de ponerse una falda, pero no puede, no se aguanta ni los pedos. De golpe y porrazo una sinfonía de pedos empiezan a tronar, siguiendo un ritmo, como una orquesta de tambores de Calanda, pedo va y pedo viene. No en todas las habitaciones hay acompañantes, ni familiares o amigos. Algunos los veo perdidos, comiendo una comida que ningún trabajador del hospital osaria probar. Pero quien es la dietista que prepara estos menús de Caritas. Uno se ha muerto y nadie se ha enterado. Alli estaba, tumbado y frio, mas solo que la una.
Me voy a pasear por Calella buscando una conexión wifi, pero todo está cerrado. Sino consigo una conexión mañana tendré que ir a Barcelona a preparar la nómina y perder el tiempo tontamente. Mi jefe es un estepario, pero demasiada suerte tengo que me aguanta. Al final consigo una conexión en una pensión, pero el Sr. Bill Gates no me deja conectarme porque no he comprado las suficientes licencias de Windows, y no puedo trabajar. Espero a que llegue mi hermano y me voy a mi oficina para pagarle a todo el mundo, pero me equivoco porque me acabo de tragar 8 pastillas de golpe y no se si es posible trabajar en esas condiciones. Menos mal que al dia siguiente solo uno se queja de que su nómina no parece estar como debiera. Y es verdad, me he equivocado y he puesto unos números al revés. Lo arreglo y le digo al jefe que le pague la diferencia. Una pena no haberme equivocado y haberles pagados 6 cifras de mas. He llevado las nóminas al banco y he vuelto al hospital. Mi madre sigue con 40 de fiebre y diciendo paridas de vez en cuando. Mi hermano y mi cuñada le han hecho compañía durante todo el día. Ahora se acerca otra noche en el corredor del desaliento. No siento nada, tan solo de vez en cuando, pienso en que mi madre se va yendo, pero ella sigue luchando y yo voy a estar aquí mientras pueda.
Aquí puedes encontrar todo tipo de monstruos, menos médicos que nunca se donde están, de vez en cuando viene una enfermera o auxiliar, y le pregunta a mi madre, ¿quieres algo guapa? Son palabras que no puedo olvidar. Luego están las otras, las de la calle Rovadors, que al pasar cerca de ti, solo miran de que color es tú pasaporte y huyen corriendo dando taconazos por los pasillos, sin saludar, sin mirar atrás, con tanta mala educación que te entra de nuevo ganas de lapidarlas en público. Pero no están vivas. Han elegido un oficio que les amarga la existencia.
Mi hermano ha venido esta mañana temprano y he cogido el tren para ir a la oficina a trabajar un rato. Al mediodía he vuelto al hospital y parece que mi madre está un poco mejor, pero cuando me llama, las noticias no son buenas, el corazón está fallando y solo queda esperar. Puede que pase un dia, o puede que pase un año, pero aquí estoy solo, hablando a la pared. Esperaba que Roger Water viniera a visitarme, pero nadie me conoce, soy uno mas de la ciudad Anywhere. Lloro cuando nadie me ve, y me harto de comer pasteles, soy un diabético sin remedio. Mañana compraré un bidón de gasolina para quemarme a lo bonzo delante de la puta que me ha denunciado, espero que sea capaz de enceder el mechero que le ofrezco. Que solo me siento.
Ha pasado otra noche y he dormido fatal. Me duelen los ojos, pero no estoy cansado. Tengo que ir a trabajar y seguir las reglas. Me he discutido con el mecánico, con los maricones de Lérida y los ladrones de La Caixa. No doy pie con bola. Despues de varios días sin ir a casa, esta tarde me he acercado a ducharme, pues ya apestaba. Hasta el calentador de agua se ha puesto de acuerdo y sale el agua fría. El Yako y la Ali estaban tranquilos, esperando. Los he abrazado un rato y entonces ha sonado el teléfono. Era mi tía María que lo está pasando mal, porque nadie la trae al hospital.
Tomo la ducha fría y otra vez al hospital. No tengo nada que decir. Nada que esperar. Hago bromas y me toman por majara. Que solo me vuelvo a sentir.
Ya son las cinco, y mi madre a la que siempre le ha gustado ir bien peinada, trata de recogerse un poco el pelo, con los catéteres y sondas clavados en los brazos. Quejándose lo intenta una y otra vez, pero no puede, y yo no puedo peinarla tampoco. Lloro de impotencia. Suerte que Marta hoy la ha peinado varias veces y le ha comprado unas zapatillas nuevas, colonia, y un peine. Pequeñas cosas que la han puesto muy contenta.
Ahora todos se han ido, y he encontrado un rincón donde puedo escribir tranquilamente estas cuatro letras. Estoy tomando un capuchino y mirando sin ver una película sin voz. Casi todo el mundo duerme, tose, mea y vomita. Ya solo espero mi Testamento Vital.
Son las 6,50 de la mañana y llevo toda la noche sin dormir. Un suculento aroma a pasteles recién hechos invade los pasillos. El restaurante está cerrado y no puedo comprar nada. Solo me queda adivinar donde está la cocina, escabullirme entre los hornos, y robar unos cuantos croisanes, o tal vez un pastel de crema. Ummm, se me hace la boca agua solo de pensarlo.
Maldita la hora en que nací. En este mismo banco moriría y nadie se daría cuenta.
Tengo ganas de que amanezca y alguien venga para irme a dormir un rato. Los pies los tengo muy hinchados y lo único que se le ocurre al Bicho, es que me de en los pies unas friegas con una colonia marroquí que ella odia. Esto es de locos. De locos como yo.
Tras la iglesia empieza a amanecer. He de acordarme que a las 8 he de ponerle un nuevo ticket al coche. Y aquí estoy, con mi amnesia anterografa, esperando a ver si me acuerdo o no.
Hace un par de días estaba hechando gasoil al coche y se ve que pensando en las musarañas, cuando un señor desde lejos me grita:
¿Qué piensa llenar la piscina?
¿La piscina, digo yo?
No, no era la piscina ni el depósito del coche lo que estaba llenando, sino que el gasoil se estaba desbordando por la bocana de entrada y la máquina de la gasolinera no se paró. Y allí estaba yo, en medio de un charco de gasoil bajo los pies, un charco que llegaba hasta no se donde, a punto de filmar una película estilo Tarantino.

A mi querido ordenador, mi único amigo. Y a los de TH, para que homologuen pronto La Marchosa.